Un análisis de 3.339 parejas madre-hijo en 20 centros de Estados Unidos no halla vínculo entre los pesticidas organofosforados en el embarazo y los rasgos autistas
El mayor estudio hecho hasta ahora sobre el tema, publicado en JAMA Pediatrics con datos del consorcio ECHO en Estados Unidos, no encontró asociación entre la exposición prenatal habitual a insecticidas organofosforados y los rasgos relacionados con el autismo en la infancia.
Investigadores coordinados desde NYU Langone Health, en Nueva York, midieron metabolitos urinarios de insecticidas organofosforados en muestras tomadas durante el embarazo y los cruzaron con la evaluación posterior de rasgos autistas de los hijos. Los datos proceden de 20 centros del consorcio ECHO (Environmental Influences on Child Health Outcomes), repartidos por todo Estados Unidos. El trabajo se publicó el 24 de agosto de 2026 en JAMA Pediatrics bajo el título 'Prenatal Organophosphate Exposure and Autism-Related Traits in Children'.
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Crear cuenta gratis Ya tengo cuenta- 3.339 parejas madre-hijo de 20 centros del consorcio ECHO en Estados Unidos, con metabolitos medidos en orina durante el embarazo.
- Ninguna asociación significativa con rasgos autistas: -0,13 puntos por duplicación de TCPy (IC 95 %: -0,57 a 0,31) y -0,42 por dialquilfosfatos (IC 95 %: -1,03 a 0,19).
- El resultado se limita a exposiciones de nivel poblacional y no descarta riesgo en exposición agrícola u ocupacional alta.
La pregunta lleva años abierta. Los organofosforados son de los insecticidas agrícolas más usados y llegan a la población general sobre todo por la dieta; prácticamente todas las gestantes analizadas tenían metabolitos detectables en orina. Estudios previos, casi siempre pequeños y en comunidades agrícolas muy expuestas, habían dado resultados contradictorios: algunos apuntaban a un efecto sobre el neurodesarrollo y otros no encontraban nada. Sin una muestra grande y diversa era imposible saber si el riesgo existía a los niveles de exposición que tiene la población común.
Se analizaron 3.339 parejas madre-hijo. La exposición se estimó con dos marcadores: el TCPy, metabolito específico del clorpirifós, y la suma de metabolitos dialquilfosfato. Los niños se evaluaron a una edad media de 6,4 años (desviación estándar 3,87) con la Social Responsiveness Scale. Por cada duplicación de la concentración prenatal, el cambio en la puntuación fue de -0,13 puntos para el TCPy (IC 95 %: -0,57 a 0,31) y de -0,42 puntos para la suma de dialquilfosfatos (IC 95 %: -1,03 a 0,19): intervalos que cruzan el cero y, por tanto, sin significación estadística ni dirección clara.
Para la consulta, el mensaje es de tranquilidad prudente, no de exoneración absoluta. El hallazgo aplica a los niveles de exposición típicos de la población general estadounidense y no descarta efectos con exposiciones ocupacionales o agrícolas altas, ni en subgrupos vulnerables. Además, estos metabolitos tienen vida media corta, de modo que una o pocas muestras de orina reflejan de forma imperfecta la exposición de todo el embarazo. Es un estudio observacional: no demuestra ausencia de causalidad, muestra ausencia de asociación detectable con la potencia disponible.