Un gran estudio de Stanford vincula la terapia con estrógeno solo tras la menopausia a un 35 % menos de patología de Alzheimer y un 39 % menos de demencia
- Estrógeno solo tras la menopausia se asoció a 35 % menos patología de Alzheimer y 39 % menos demencia en 21.462 mujeres.
- Es de los primeros estudios que liga el estrógeno a menos depósitos físicos (amiloide y tau), no solo a mejores tests cognitivos.
- Es una asociación, no causalidad: la muestra son mujeres histerectomizadas y no cambia la práctica clínica todavía.
Un equipo de Stanford Medicine publicó el 12 de agosto de 2026 en Neurology, la revista de la Academia Americana de Neurología, un análisis de 21.462 mujeres que combina diagnóstico clínico en vida y hallazgos de autopsia. Bajo la dirección de la investigadora Jennifer Bruno, el trabajo comparó a usuarias de terapia hormonal con estrógeno solo frente a no usuarias y midió tanto el diagnóstico de demencia como los depósitos cerebrales que definen la enfermedad de Alzheimer.
Para el clínico, el interés es doble. Es de los primeros estudios que conecta el uso de estrógeno con una reducción de los depósitos físicos de la enfermedad —amiloide y tau— y no solo con mejores puntuaciones cognitivas. Aporta un dato concreto a la conversación sobre menopausia, salud cerebral y decisiones de terapia hormonal que muchas pacientes ya plantean en consulta.
Entre las usuarias de estrógeno solo se observaron un 39 % menos de probabilidades de recibir un diagnóstico de demencia a lo largo de la vida y un 35 % menos de patología de Alzheimer en la autopsia, junto con mejor rendimiento en pruebas de memoria, mayor autonomía funcional y perfiles de biomarcadores compatibles con menor acumulación de amiloide cerebral.
Cautelas importantes: se trata de una asociación y no demuestra que la terapia prevenga la demencia. El estrógeno solo se prescribe a mujeres histerectomizadas —para evitar el riesgo de cáncer de endometrio—, por lo que la muestra no es representativa de todas las mujeres. Además, el trabajo no documenta el momento de inicio, la formulación ni la duración del tratamiento, y contrasta con datos previos. No justifica, por ahora, cambiar la práctica clínica.