Panamá: la CSS pide perdón por la tragedia del dietilenglicol de 2006, con 472 demandas de indemnización y 63 resueltas a favor de las víctimas
El director de la Caja de Seguro Social de Panamá, Dino Mon Vásquez, pidió perdón público a las víctimas del jarabe contaminado con dietilenglicol, en cumplimiento de una sentencia de la Corte Suprema.
La Caja de Seguro Social (CSS) de Panamá emitió el viernes 23 de octubre un comunicado en el que su director general, Dino Mon Vásquez, pide perdón a las víctimas del envenenamiento masivo por dietilenglicol y a sus familias. La disculpa cumple una sentencia de la Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia fechada el 27 de julio de 2026, que ordenó a la institución reconocer públicamente su responsabilidad.
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Crear cuenta gratis Ya tengo cuenta- La CSS reconoce su responsabilidad por orden de la Corte Suprema
- De 472 demandas, 63 se resolvieron a favor de las víctimas
- Persisten quejas por falta de medicamentos y demoras en la atención
El caso se remonta a 2006, cuando se descubrió que un jarabe expectorante distribuido a asegurados contenía dietilenglicol, un compuesto industrial muy tóxico que llegó desde China vendido como glicerina de uso farmacéutico. Estimaciones de hasta 2010 hablaban de unos 800 fallecidos, aunque no existe un balance oficial actualizado. Los sobrevivientes arrastran daño renal y neurológico.
En el plano judicial, de 472 demandas de indemnización presentadas ante la Sala Tercera, 63 se habían resuelto a favor de los afectados hasta octubre, con compensaciones de alrededor de 25.000 dólares en algunos fallos. La CSS reservó 300.000 dólares para los primeros 12 beneficiarios y dice que las víctimas acreditadas reciben pensión vitalicia y atención en el Centro Especial de Toxicología, aunque la Defensoría del Pueblo confirmó en agosto quejas por falta de medicamentos y demoras en citas.
Para el médico, el caso sigue siendo una lección sobre farmacovigilancia y control de la cadena de suministro de excipientes. También recuerda que los pacientes con secuelas renales y neurológicas de esta intoxicación requieren seguimiento crónico y coordinado, un punto donde la red de atención aún muestra brechas.